19 mar 2008

Los 80, que gran generación

Hace tiempo que me llego por vía email, un texto que hablaba sobre la generación de la década de los 80, yo como pertenecedor a dicha generación me gustó leerlo. Había ciertas partes que provocaban en mi una sonrisa, ya que me recordaban ciertos momentos de mi vida. Por ello quiero reproducir a continuación dicho texto:

Esto va dedicado a todos nosotros, generación de las hombreras, los pelos encrespados y Sensación de Vivir o Generación de los 80.

El objeto de esta misiva es la de reivindicar una generación, los 80, de todos aquellos que nacimos en los 80 (un par de años arriba, años abajo), la de los que estamos currando de algo que nuestros padres ni podían soñar, la de los que vemos que el piso que compraron nuestros padres, ahora vale 20 o 30 veces más, la de los que estaremos pagando nuestra vivienda hasta los 60 años.

Nosotros no estuvimos en la Guerra Civil, ni en mayo del 68, ni corrimos delante de los grises, no votamos la constitución y nuestra memoria histórica comienza con las olimpiadas del 92. Aunque no nacimos en una dictadura, siempre hemos tenido una conciencia democrática y la serie Cuéntame nos parece que es una mierda que hace apología del franquismo. Por no vivir activamente la Transición se nos dice que no tenemos ideales y sabemos más de política que nuestros padres y de lo que nunca sabrán nuestros hermanos pequeños y descendientes. Somos la última generación que hemos aprendido a jugar en la calle a las chapas, la peonza, las canicas, la comba, la goma o el rescate y, a la vez, somos la primera que hemos jugado a videojuegos.

Hemos ido a parques de atracciones o visto dibujos animados en color. Los Reyes Magos no siempre nos traían lo que pedíamos, pero oíamos (y seguimos oyendo) que lo hemos tenido todo, a pesar de que los que vinieron después de nosotros sí lo tienen realmente y nadie se lo dice.

Se nos ha etiquetado de generación X y tuvimos que tragarnos bodrios, como: Reality Bites, Melrose Place o Sensación de Vivir (te gustaron en su momento, vuelvelas a ver, verás que chasco). Lloramos con la muerte de Chanquete, con la puta madre de Marco que no aparecía, con las putadas de la señorita Rottenmayer.

Somos una generación que hemos visto a Maradona hacer campaña contra la droga, que nos reíamos con un anuncio que decía que si el Real Madrid era otra vez campeón de Europa, que durante un tiempo tuvimos al baloncesto como el primero de los deportes. Hemos vestido vaqueros de campana, de pitillo, de pata de elefante y con la costura torcida; nuestro primer chandal era azul marino con franjas blancas en la manga y nuestras primeras zapatillas de marca las tuvimos pasados los 10 años.

Entramos al colegio cuando el 1 de noviembre era el día de Todos los Santos y no Halloween, cuando todavía se podía repetir curso, los últimos en hacer BUP y COU, los pioneros de la ESO. Hemos sido las cobayas en el programa educativo, somos los primeros en incorporarnos a trabajar a través de una ETT y a los que menos les cuesta tirarnos del trabajo...

Siempre nos recuerdan acontecimientos de antes que naciéramos, como si no hubiéramos vivido nada histórico. Nosotros hemos aprendido lo que era el terrorismo contando chistes de Irene Villa, vimos caer el muro de Berlín y a Boris Yelsin borracho tocarle el culo a una secretaria; los de nuestra generación fueron a la guerra (Bosnia, etc.) cosa que nuestros padres no hicieron; gritamos OTAN no, bases fuera, sin saber muy bien lo que significaba y nos enteramos de golpe un 11 de septiembre.

Aprendimos a programar el vídeo antes que nadie, jugamos con el Spectrum, odiamos a Bill Gates, vimos los primeros móviles y creímos que Internet sería un mundo libre.

Somos la generación de Espinete, Don Pimpón y Chema el "panaderofarlopero". Los que recordamos a Enrique del Pozo cantando con Ana (cocoguagua-cocoguagua...) Los mundos de Yupi y las pesetas rubias. Nos emocionamos con Superman, ET o Indiana Jones.

Comíamos phosquitos y las panteras rosa eran lo mejor, aunque aquello que empezaba (algo llamado Bollycao) no estaba del todo mal.

Somos la generación de "El Coche Fantástico", "Oliver y Benji". La generación que se cansó de ver a las mamachichos. La generación a la que le entra la risa floja cada vez que tratan de vendernos que España es favorita para un Mundial. La última generación que se veía a su padre poner la baca del coche hasta el culo de maletas para ir de vacaciones. La última generación de las litronas y los porros, y que coño, la última generación cuerda que ha habido.

La verdad es que no se cómo hemos podido sobrevivir a nuestra infancia. Mirando atrás es difícil creer que estemos vivos en la España de antes: nosotros viajábamos en coches sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin air-bags, hacíamos viajes de más de 3 horas sin descanso con cinco personas en el coche y no sufríamos el síndrome de la clase turista.

No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños. Andábamos en bicicleta sin casco, ni protectores para rodillas y codos. Los columpios eran de metal y con las esquinas en pico.

Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y solo volvíamos cuando encendían las luces. No había móviles. Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables. Nos abríamos la cabeza jugando a guerras de piedras y no pasaba nada, eran cosas de niños y se curaban con mercromina roja y unos puntos, y al día siguiente todos contentos. Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila que, rara vez, tenía refuerzo para los hombros y, mucho menos, ruedas.

Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no éramos obesos. Si acaso alguno era gordo y punto. Estábamos siempre al aire libre, corriendo y jugando. Compartíamos botellas de refrescos y nadie se contagio de nada. Solo nos contagiábamos los piojos en el cole, cosa que nuestras madres arreglaban lavándonos la cabeza con vinagre caliente, (o los más afortunados con Orión).

Y ligábamos con las chic@s jugando a beso, verdad y atrevimiento o al conejo de la suerte, no en un chat diciendo cosas como :-) o 8D.

Éramos responsables de nuestros actos y arreábamos con las consecuencias. No había nadie para resolver eso. La idea de un papa protegiéndonos, si transgredíamos alguna ley, era inadmisible, si acaso nos soltaban algún guantazo o un zapatillazo y te callabas.

Tuvimos libertad, fracaso, respeto, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con ello. ¿Tu eres uno de ellos? ¡Enhorabuena!

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